Un grito rasgaba el aire
olvidando atrás la nada,
grave como un alarido
rauda la moira partió
mediada la madrugada,
tras la sombra que veloz
le rehuye amedrentada.
Un grito rasgaba el aire
olvidando atrás la nada,
grave como un alarido
rauda la moira partió
mediada la madrugada,
tras la sombra que veloz
le rehuye amedrentada.
Deslizan veloces corrientes
por las cascadas del río,
descienden precipitadas
raudales de agüita clara.
Sobrepasados los remansos
sigue su curso transparente,
aunando arroyos, afluentes,
de límpidos, fríos torrentes,
agua que al decir de la gente
son aguas que nunca bañan
la misma piedra dos veces.
Ya cantaron los gallos
y están los patios floridos,
los rosales han florecido
avisando que llega Mayo.
……………………………….
Cerré los ojos soñando
que era pájaro y llegaba
sin conocer el camino
hasta tu cama volando.
Dejé mi efímera huella
allí arriba en los neveros,
sobre la nieve impoluta,
donde se pierde el sendero.
……………………………..
Entre tu y yo tejimos
el camino de los sueños,
igual que teje la araña
su tela libre de dueños.
He visto nacer al Sol
para verlo morir ahora
reverberando sobre el mar
vestido de rojo aurora.
……………………………….
Luego vi nacer
en su cuna nacarada,
viéndola cada madrugada
expirar al llegar el alba.
Anoche rogué al Levante
que a
para poder contemplarla
mirando por su ventana,
y recrearme en su cuerpo
que a la sombra plateaba.
………………………………
Son tiempos que vienen
tiempos que se van,
amores que se mueren
en cada madrugá.
……………………………….
La piel que hoy acaricio
es del color de la canela,
hueles embrujo de mujer
a bienoliente primavera.
Noto que en la madrugada
su aura se torna oscura,
su amor se vuelve pasión
muda el deseo en locura.
…………………………………….
Sabes que eres para mí,
jardín y enredadera,
calor los duros invierno
aroma por primavera.
……………………………..
Tienes el sabor goloso,
fresco de la mora,
húmedo por el rocío
al amanecer la aurora.
Una ciénaga oscura
velaba su mirada,
cierta tristeza azul
en sus ojos cargaba
y en su boca un rictus
de sonrisa esbozada.
Un andar leve, cansino,
una espalda encorvada,
un no mirar cabizbajo
en su frente agazapada
sin elevar del suelo
la perenne aflicción,
añil de su mirada.
Náufrago de tu mirada
caminaba inconsciente,
a la lluvia, a la nieve
que mi ropa empapaba.
Mis pies arrastraban
una sombra dolorida,
un alma quebrantada
por el frío extenuada.
Insensible y agostada,
por pequeños avatares,
envuelta en soledades
miserables, indeseadas.
Solo restan los escombros
de mi delirio perdido, soy
desastre de mis pasiones
en una tormenta cautivo.
donde restallan los gritos,
donde los sueños del día
los voy dejando escritos.
Llevo las garras del miedo
encadenadas a la cintura,
solo afronté a los sueños
una noche de amargura.
Una noche larga, helada
da pie a una madrugada,
a desvaríos, a torturas
a sueños que he soñado.
Como hacer para olvidar,
para borrar de mi mente,
lo que no deseo recordar
cuando vivo lúcidamente.
Malherido por esa pena
cargaré sobre mi espalda,
de una manera soterrada
el dolor de la condena.
Que hacer para olvidarme
de soñar una y otra vez,
los sueños que se repiten
y no paran de hostigarme.
Sueño negros nubarrones
sobre mareas agitadas,
mares donde naufragan
frágiles embarcaciones.
Entre la lluvia pertinaz
distingo a un navegante,
en una nave sin timón
que navega a la deriva.
Luego me olvido y maldigo
por no recordar lo ocurrido,
y sufrir con todo aquello
que en los sueños he vivido.
Es cierto, pura verdad
que soy dueño de lo soñado,
pero no hay que confundir
el sueño y la realidad.
Iniciar con unos versos
la creación de un poema,
es como iniciar el relato
breve de una historia.
Es recrear el sentir
el soplo de un instante,
un momento fugaz
de fracaso o de gloria.
Recuerdos de una noche
a la orilla de la mar,
el reflejo de unos ojos
que deseabas amar.
El sueño apasionado
de unos labios rojos,
antaño inaccesibles
que se dejaron besar.
Un paseo en solitario
por la impoluta nieve,
un leve rayo de Sol
que la mirada te hiere.
El cruce ante una mujer
que su perfume propaga,
mientras hueles la calles
solo por la madrugada.
Un desamor, una pasión,
un dolor, una quimera,
que engarzando palabras
se escapan del corazón.
Un Otoño de hojas doradas
una Primavera florida,
una ocasión perdida
ante la mujer amada.
El vuelo del halcón
de una paloma,
la belleza de una flor
quizás su aroma.
Pequeñas luminiscencias
en la frágil memoria.
que escapan de su prisión
para relatar una historia.

Mandé callar a las aguas
que mi niño no se dormía,
y los mares embravecidos
me contestaron así: abre
tu balcón de par en par
que los niños de la mar
sin el arrullo de las olas
es que no saben dormir.

un reo de larga condena,
que triste vaga errabundo,
desde el alba a la aurora
de la aurora a la alborada.
Sin tu fragancia, tu olor,
sin tu arrullo, sin tu amor,
solo sufriendo la nostalgia
sin el encanto de tus olas,
Sin tu luz, sin tu Caleta
sin tus mares, sin tu magia,
sin tus noches, sin tus días,
sin tu claridad, tu alegría.
Sin tus torres miradores
sin tus doradas arenas,
sin tus estrechos callejones
sin tus casas de colores.
Sin escuchar a la marejada
batiendo sobre los bloques,
sin el sonido de las mareas
en la oscura madrugada.
No es que no pueda vivir
si a tu lado no me hallo
es que sin ti no soy nada,
tan solo un alma en pena
desde el alba a la aurora
de la aurora a la alborada.
Quiero beberme de ti
hasta el olvido,
paladear de nuevo
tu manantial prohibido,
fuente de gozo y placer
entre breñas escondido,
delicias que jamás
fuera de ti he bebido.
Quiero libar de ti
el exquisito néctar
de lo desconocido.

Hay un mar que me envuelve
Hay un mar atormentado
Hay un mar que me serena
Hay un mar poderoso
Hay un mar con mareas
Quien osaría negar
Se eleva un frío vaho
de las gélidas aguas
del río tempestuoso,
tras las albas nevadas
del inhóspito invierno.
Bajo los calizas peñas
en la penumbra umbría
aun perdura la escarcha
que la noche delirante
derrochó con su helada.
La arboleda desnuda,
nocherniega, se queja
con aullidos de fiera
que el frío le quemo
su ya rala vestimenta.
Pasé tanto tiempo alejado
Es tu hermosura escondida
Reverberas plateada luna
Delicados encantamientos
En tu horizonte infinito
Tus azoteas, tus miradores,

Ahora pagaría lo que fuera
Centellean los resplandores
Cuando me marché de aquí
Sobre tus doradas arenas
Son ya tantas lunas ausente
he visto extinguirse mi alma
